Alberto Elosegui

General

Julio 1945: POTSDAM, cuando el "Tio Joe" vuelve a ser José Stalin

Escrito por albertoelosegui 14-04-2006 en General. Comentarios (5)

 

 

Eran los días de la conferencia de Potsdam. Alemania estaba de rodillas. Ahora se trataba de que los tres Grandes se pusieran de acuerdo para trazar nuevas fronteras. En Asia y Africa, no había novedad, sino los desastres de la guerra del hambre. De Gaulle ya alargaba el cuello por aquello de las colonias de Indochina y las "provincias" de ultramar ¡La Grandeur!

El no había estado tampoco en la Conferencia del Atlántico sino en Casablanca: Tchang-kai-Sheck se retiraba ante Mao y pedía ayuda a poder ser en dólares americanos.

 

Pero lo importante para los tres Grandes era llegar a un acuerdo con el Tio Joe respecto a Berlín, Polonia, rendición de Japón,  etc,  Stalin dijo que no pretendía la sovietización de sus conquistas, ni el expansionismo. Estaba incluso de acuerdo en celebrar elecciones libres en Polonia. 

 

A Churchill  se le veía triste por el estado y luego muerte de Roosevelt (12 de Abril) y todo lo consultaba el Tio Joe: los intérpretes permitían una conversación franca y fluida. El Presidente Truman hablaba en monosílabos si se trataba de Europa. No debía estar muy versado.

 

El día 17 de julio 1945, llegó un extraño telegrama de los Estados Unidos, del general Stimson, dirigido a Truman que decía: "Los niños nacieron felizmente". Era la clave de que la experiencia de la bomba atómica en el desierto de Nuevo México había sido un éxito, pues de lo contrario se hubiera usado otra clave. Truman pasó el telegrama al Premier inglés. 

 

Churchill se mostró entusiasmado: más que si hubiera bebido dos botellas de brandy francés. Pero al día siguiente,  un avión llevando al general Marshall y al almirante Leahy aterrizó en Potsdam. Y no había por qué desembarcar en las playas de Japón,  ni exponer "vidas americanas".

 

Pero la gran noticia para Churchill y lo dice en el tomo tres de sus Memorias,  era: "Ya no necesitábamos más de los rusos".   El Tio Joe ya había dejado de serlo. Ahora sería en todo caso el "estepario" José Stalin. Mr. Eden comentó: "hay que advertir a Stalin que no deseamos la participación de Rusia en la guerra contra Japón."

 

La decisión final de comunicárselo a José Stalin  estaba ahora en el presidente Truman, con el que se vio antes  Churchill, en una conversación mucho más cordial que desde que llegaron a Potsdam. El Tio Joe había dado su palabra en Teherán y Yalta, que rendidos los alemanes, el Ejército Rojo abriría un amplio frente contra Japón. Para Churchill el problema era ¿cómo decírselo a Stalin?  ¿cómo decirle que ya no contaban con él y por qué?

 

Y se lo dijo causándole una fuerte impresión: le habló de una bomba atómica devastadora, pero sin detalles, que ahorraría también vidas rusas.  Más tarde Stimson repitió que "ya no se necesitaba derramar más sangre americana" y después añadió "cuanto más poderosa sea la bomba, será mejor instrumento para la paz".

 

Y el criterio de los sabios norteamericanos Byrnas, Oppenheimer y Conant, con Truman a la cabeza, era  que no se trataba sólo de la rendición de Japón sino de que Rusia no discutiera una paz "aceptable". Stalin, furioso, no cumplió lo prometido: en vez de organizar elecciones en Polonia, encarceló a los "disidentes" y reinició sus purgas.

 

Y el ultimatum del 26 de julio a Japón fue enviado en nombre de los tres Grandes y el presidente del Gobierno Nacional de China (Tchiang kai Shek) Era cuestión de esperar a que los ciudadanos japoneses se impusieran sobre los clanes militares que rodeaban a Hiro-Hito. Difícil, pero posible.

 

No había por qué derramar sangre de, primero, cien mil y luego hasta de un millón de americanos en un desembarco masivo en Japón, como se decía en los Estados Unidos. La última victoria de la Infantería de Marina  en Okinawa así lo demostraba.

 

Militarmente los clanes nipones no podían nada más que conspirar. Se imponía la sensatez o la histeria. Esperar o empezar una nueva Era. Pero era obvio que Truman deseaba seguir la operación a juzgar por sus exclamaciones cuando habló con Stalin.

 

Stalin  no estaba para nada  de acuerdo con invitar a Tchiang kai-Shek y decía que en adelante todo se debía discutir entre los "Tres Grandes". "Temo que la Gran Alianza se ha roto" -comentó Churchill. La Conferencia de la Paz  resolvería todo lo demás. Tras el banquete final, con un Stalin sombrío como nunca, Churchill vio a Truman acercarse a Stalin y oyó al intérprete decir: "¡qué poder destructor, que maravilla técnica...!"

 

Stalin dijo que él no tenía conocimientos técnicos suficientes para juzgar, pero que tenía que haber sido la obra de un proceso largo de investigación y de una importante inversión económica, naturalmente. Inmediatamente dio a entender que en él habría intervenido también Gran Bretaña.

El 26 de Julio de 1945, Churchill se dirigió a su pueblo para decirle que había perdido las elecciones y que sentía tener que dejar todo sin ver el final de Japón. Y ahí termina el libro tercero de "Triumph and Tragedy", editado en 1951,en que relata todo eso, que pocos saben. Es decir que no se refiere para nada a Hiroshima

1941: LA CARTA DEL ATLANTICO, gana el colonialismo

Escrito por albertoelosegui 14-04-2006 en General. Comentarios (3)

 

 

 

La "blitz-krieg" (guerra relámpago) desencadenada por Hitler con tremendas pérdidas humanas (no tanto en Coventry, según he podido demostrar en algún otro lado), pero sí en Londres, en el estuario del Támesis, por ejemplo, cuya cobertura estaba a cargo  de cineastas famosos -Sir Alexander Korda, por ejemplo- y los mejores fotógrafos, hizo que Roosevelt pensara en echar una mano a Churchill, sin que nadie se diera cuenta.

  

El hijo de Roosevelt, aviador, Elliot, había elegido con cuidado en la bahía de Argentia, cercana   a la base de las fuerzas norteamericanas de San Juan de Terranova, llena de naves de guerra, un  lugar para una reunión secreta.

 

Allí llegó Churchill en el acorazado "Príncipe de Gales", acompañado por Harry Hopkins con un séquito de miembros de la prensa. En seguida el Primer británico puso al corriente a Roosevelt de que los límites de producción de armamento y subsistencia de Inglaterra estaban prácticamente agotados y que si Hitler emprendía una segunda ofensiva  tendrían que rendirse o negociar.

 

Según Roosevelt hijo, que estaba presente y es el único que ha escrito sobre el tema, decía  lo siguiente: "Ya durante la primera cena, Churchill se adueño de todos nosotros (Roosevelt y todos los altos militares y prensa), estuvo brillante, con la convicción de que éramos suyos. Echaba atrás la silla, movía el cigarro puro de un lado al otro de la boca, se adelantaba con hombro de toro, agitaba elegantemente sus manos, le centelleaban los ojos. Ahí estaba el león. Y al final -termina Elliot- cuando veía la partida ganada, Sir Winston dijo: "Hitler y sus generales son necios. Inglaterra siempre gana las guerras".

 

La partida de la ayuda del Tío Sam estaba ganada por el genio del Premier.  Quería que en virtud del acuerdo de "préstamos y arriendos", parte de la ayuda al Tío Joe (Stalin) fuera a Inglaterra. No obstante Roosevel habló de, si se deseaba una paz estable, al vencer a Hitler quedarían anulados los convenios económicos de nación favorecida (frente al sudeste asiático), que los aliados brindarían ayuda a los pueblos atrasados, nada de seguir chupando la sangre a un país colonizado ni sus materias primas. Fin del siglo XIX. Cuando Roosevelt mencionó -como ejemplo- a India y Birmania- Churchill le dijo: ¿Y qué hay de las Filipinas?

 

"La paz sin despotismos" -terminó el presidente norteamericano. "Pero será posible respetar convenios económicos existentes" -replicó Churchill. Luego en conversación, Roosevelt dijo a su hijo: "Es un verdadero viejo Tory, de la vieja escuela. Trataré de entenderme con él: lo necesita. Siempre y cuando -dijo Elliot- que no toques a la India, ni a Birmania, ni a Java, ni a Indonesia, ni a Egipto, ni a Palestina, ni..."

 

La Carta del Atlántico., Se aprobó de hecho en el camarote del yate "Augusta", gracias a la tenacidad de Sumner Welles. Churchill firmó lo que le presentó Roosevelt que era una severa sentencia condenatoria  del colonialismo en todos los aspectos: nada de cambios territoriales, respeto a los derechos de todos los pueblos, nada de amenazas, etc.

 

Elliot Roosevelt publicó, a la muerte de su padre, un grueso libro, muy opuesto a la actitud postbélica de Churchill y prologado por su madre Eleanor Roosevelt, que dice que "no tomó ninguna parte en su redacción", quizá porque era una profunda admiradora de Gandhi y su causa.

 

Pero también es cierto que en la declaración de los Derechos del Hombre de 1948, en que ella corrigió los borradores de nuestro René Cassin, su redactor, está todo lo que no se cumplió en la Carta del Atlántico, incluido el criterio de un mundo no violento de Gandhi. Pero eso  también está cayendo en el olvido.

 

La carta la manejó Churchill al volver a Inglaterra, con maestría, sin citar a ningún país del Tercer Mundo. La frase de "No estamos solos" creó un entusiasmo enorme en las islas y en la Europa ocupada, aunque, en teoría, era el fin de los Imperios, incluido el suyo.

 

El 7 de diciembre de 1941, es decir, cuatro meses después de la Carta del Atlántico, los pilotos japoneses con sus vendas de seda rituales en sus frentes, tuvieron la osadía de atacar a la flota norteamericana en Pearl Harbour, en las islas Hawaii y la guerra llegó a todas las casas norteamericanas.

 

En sí ese tipo de aventuras, las cabriolas militares tras las líneas enemigas  y los ejércitos secretos -costaran o no vidas- las unidades y operaciones especiales, el minado de ríos y mares, fascinaban a Sir Winston aunque, Hiro-Hito era su amigo personal que había visitado Inglaterra años antes como príncipe.

 

Esta vez era diferente y telefoneó a Roosevelt, diciéndole que iba a declarar de inmediato la guerra a Japón. Pero añadió: "Así, al fin y al cabo, hemos vencido ya", lo que hizo fruncir el ceño al vapuleado y deprimido Roosevelt.  Las versiones sobre la cuestión de Pearl Harbour y sus secretos y enigmas llegan al infinito. Es difícil llegar a la verdad.

 

 

GANDHI: La Rebelión de la Sal

Escrito por albertoelosegui 14-04-2006 en General. Comentarios (0)

 

 

 

 Como la no cooperación obligaba a Inglaterra a llenar con ciudadanos de las islas los cuadros de la legislatura, administración, universidades, etc. el gabinete de Londres decidió adoptar una contramedida para quebrar el cuadro de la desobediencia civil y la no cooperación.

 

Cuando el gobierno británico (no sé si se discutió en los Comunes o era algo de la "Colonial Office" que presidía Churchill) dictó un mandato por el que endurecía la Ley de la Sal, y las familias  "nativas" tendrían en el futuro que desembolsar una cantidad mucho mayor por tener acceso a ese condimento, creyó haberlo solucionado todo.

 

Churchill disparaba sabiendo que el Mahatma intentaba eludir la ley tomando alguna medida contraria a un monopolio de la corona, en cuyo caso  la maquinaria legislativa y judicial se pondrían en marcha. Era materia penal.  Esta vez Londres mataba a la culebra por la cabeza. 

 

Gandhi respondió que, según su filosofía, podía moralmente hacer un llamado a sus partidarios de no obedecer una ley injusta y así lo hizo. Pero la sal en la dieta alimenticia del pueblo hambriento era importante y añadió que lo que iba a hacer era elaborar "ilegalmente" la sal, cosa prohibida,  ya que era monopolio de la Corona. Y así comenzó el capítulo más doloroso de su vida.

 

Pero la oposición a la Ley de la Sal  había empezado con una marcha de Gandhi (300 millas) al frente de su pueblo -una ingente  y desordenada multitud caminando  hacia la orilla del mar para recoger (Golfo de Cambay en Alalpur) simbólicamente agua salada y siguió. Eso terminaba, de hecho, con el monopolio (y la paciencia)  del virrey. Luego hubo  otros choques ya con Gandhi (y los 79 de su comité) ingresados en la cárcel y después puestos en libertad.

 

Los choques a que dio lugar la Rebelión de la Sal de 1930 fueron de los más violentos, según las crónicas de esos días. generalmente de fuente británica,  de la Agencia Reuter. Se enfrentaban siempre un gran pelotón de soldados británicos con el casco de "tommy", un escudo metálico redondo como protección  y armados, unos de fusiles y otros de estacas con clavos en punta, según  Bikhu Parskh que detalla así el espectáculo: "Cuando los que marchaban al frente caían heridos por las balas, los que estaban detrás pasaban a primera fila a pecho descubierto hasta el punto de que algunas personas recibieron 21 heridas de bala y toda la gente se mantuvo firme".

 

Esto puede parecer exagerado pero las fotografías con cientos de cadáveres sobre el pavimento y un gran charco rojo en cualquier ciudad india,  no se pueden ocultar así como así, cuando los fotógrafos enfocan  una escena tan horrenda.

 

Como la sal producida artesanalmente no bastaba, Gandhi decidió la "liberación" de la Refinería de Sal de Dharasana,  porque según él  estaba en suelo indio y había sido instalada ilegalmente por un gobierno extranjero. No  iba a ser asaltada sino precisamente "recuperada" para la India. Creó, pues, la terminología propia para deshacer cualquier acusación de terrorista, anarquista, separatista, etc. No, lo que él quería era la Devolución de algo que le había sido arrebatada a la India y eso era derecho natural.  Quebec, como hemos dicho,  imitó el término de Gandhi. 

 

 

Un periodista norteamericano: de espectador a testigo presencial.

 

Webb Miller, casi por curiosidad, se encaminó al amanecer a la central de "Dharasana", que es la que elaboraba un 90 % de la producción de sal de mesa para las ciudades grandes. Y al ver el espectáculo que se desarrollaba ante sus ojos, envió un despacho al "New York Times" detallando los hechos,  con este comentario final:  "En 18 años que llevo como reportero en 22 países,  jamás he visto escenas tan desgarradoras y crueles como ésta. Y eso va a seguir".

 

De inmediato otros reporteros gráficos tomaron el avión a Nueva Delhi para salpicar sus cámaras en ríos de sangre, lo nunca visto. Los Estados Unidos comprendieron que las denuncias constantes de Gandhi no eran las de un tipo chiflado y la India fue noticia de primera plana como el crack de la Bolsa de Nueva York.

 

El dolor y la congoja de los que se debatían en el sufrimiento físico no causó ningún impacto sobre el virrey.  En su carta a Jorge V, la más alta autoridad de la India, desde Nueva Delhi, encontraba el asunto bastante divertido (funny) y expresó su perversa felicidad de que sus policías hubiesen complacido a los hindúes con unas pocas magulladuras "honorables" que "ellos mismos habían pedido".

 

La frase  denotaba  que su sensibilidad y aún su  prudencia eran más pobres que las de los no-violentos. Y ni el hecho de que, por esos mismos días, Hitler,  arrebatara a Francia el Rhin,  que Hiro-Hito se apoderara de Manchuria y Corea apenas sin bajas, que Laval y Sir Samuel Hoare no hicieran nada por los etíopes gaseados desde aviones por el hijo de Mussolini (entre otros) para apoderarse de Addis Abeba, etc. sirvieron para que hasta los propios europeos quedaran impresionados.

GANDHI ROMPE TOTALMENTE CON LA CORONA

Escrito por albertoelosegui 12-04-2006 en General. Comentarios (3)

 

 

 

 Después de la masacre de Jallianwalla Bagh, en 1921, Gandhi se decidió a romper con la Corona  y empezar la no cooperación sistemática con ésta, que había rechazado el diálogo y la    convivencia pacífica. Tampoco había agradecido su actitud favorable a los ingleses en Sudáfrica  en 1906, en que se ofreció para fundar un cuerpo de ambulancias para un conflicto local.

 

A partir de esa década (1920), sus seguidores se negaron a servir en el ejército o en la policía británica o desertaron de la administración de justicia (incluidos los tribunales), sacaron a sus hijos de las escuelas regidas por ingleses y devolvieron los honores, -condecoraciones otorgadas a los combatientes indios de la guerra europea (1914-1918) contra los alemanes-(en Francia).

 

Los indios habían tenido 100.000 bajas más que otros cuerpo expedicionarios aliados, incluido el norteamericano, pero renunciaron a cualquier empréstito o pensión concedido por el gobierno colonial y a atender a cualquier desfile conmemorativo o función administrativa o política de la Corona.

 

También a comprar ropa y otros artículos manufacturados en el Imperio, y a pagar impuestos. Y negarle toda ayuda. De esas medidas la que más resintieron los británicos fue la del uso del Khaddar (el algodón hilado en cada casa) que arruinó a algunos  importadores pro-británicos. Gandhi rompía sin violencia una poderosa maquinaria. En la segunda guerra mundial los únicos gandhianos -en cuanto a resistencia frente a los nazis- fueron los noruegos, del rey para abajo

 

Hay autores que afirman que Gandhi rechazaba, por ignorancia, una actividad industrial próspera, moderna, según recopilación de K. Kripalani, publicada por la UNESCO en París 1969, bajo el título "All men are brothers" (Todos los hombres son hermanos) bastante inexacta en cuanto a su valoración y comentarios. No era el desconocimiento, sino todo lo contrario y hoy se diría que se las sabía todas.  Era un psicólogo nato.

 

El Pandit Nehru que era un distinguido brahman, de familia aristocrática y rica, fue no sólo su mejor intérprete y discípulo sino su fiel seguidor y después primer ministro de la India de 1947 a 1964. Se había educado en Gran Bretaña, nada menos que en Harrow School y Trinity College (Cambridge) y compartía la celda (con una sonrisa que desarmaba a Churchill)  cuando éste decretaba la prisión preventiva para toda la banda de Gandhi,  79 personas de ambos sexos que le acompañaban siempre, sobre todo a fines de los 20 y de los 30.

 

En la  obra "Glimpses of Victory",  se puede calibrar la formidable personalidad de Nehru. Quizá su carisma no fuera tan atractivo como el de su jefe.

 

Al fin el virrey y su corte rompieron el  silencio y hubo conversaciones, más por curiosidad de qué podía decir a los gentlemen aquel hombre semidesnudo y desnutrido, que cubría su cuerpo con una extraña sábana blanca de algodón. Gandhi era muy prudente porque comenzaba a invadirle el temor que los terroristas que había conocido (y que eran mas moderados que, digamos, el anarquista medio de la época y los musulmanes) terminaran por cansarse.

 

Pero todas las salidas contempladas por Inglaterra provenían sin duda de Londres y aún después de la partición  de Irlanda -lograda sobre todo por Michael Collins, tras conversaciones con  el mismo Churchill y Lloyd George. La República de Irlanda logró la libertad de 26 de los 32 condados de la isla, cosa jamás soñada por el IRB (Irish Republican Brotherhood)  no se ponían siquiera sobre el tapete  a Asia.

 

Eamon De Valera no se conformó con la partición  y llegó la guerra civil entre irlandeses, 1921, en que -en una emboscada de los republicanos y del extraño De Valera, Collins murió y su contrincante logró el codiciado poder. ¿Cómo Churchill consentía todo eso y no quería siquiera dialogar con Gandhi?

 

En cualquier problema a discutir el virrey era  muy "democrático", muy teórico, siempre con la misma cantinela: concesiones sí, pero la India seguiría  siendo siempre  un estado de dominio. En realidad cualquiera que haya leído a Rudyard Kipling,  (dos años más viejo que Gandhi) puede  comprende que el "establishment" tuviera una imagen de la India del futuro, exactamente como la describía el escritor, sostenida por los pilares de un  pasado de glorioso colonialismo.

 

 

El espíritu de Impero no murió con la Reina Victoria (1901)

 

La mención de Rudyard Kipling no es casual. En realidad era la mentalidad no sólo del "establishement" sino del inglés medio, hasta la muerte de la Reina Victoria (1901). Conocían la India a través de relatos o de gentes que habían estado allí, de veteranos funcionarios que habían servido a la Corona en los territorios de ultramar o de escritores laureados como Rudyard Kipling, nacido en Bombay (1837) pero educado en Inglaterra, que no tuvo hasta los 19 años otro contacto de la India que los relatos de su padre.

 

Al volver a la India (1882) fue nombrado subdirector de "The Civil and Military Gazette", lo cual le alejó de la cultura india--hindú o musulmana. Esa publicación era semioficial, para informar a la cantidad de subditos de la corona que vivían en India y otras colonias.

 

Eso acentuó en él su admiración y reverencia por la civilización inglesa, el afecto por los "olvidados" soldados de la Reina, siempre en guerra contra los desarrapados y andrajosos bandidos hindúes. Vivió en su plenitud la vida de los marahas, su fasto, sus palacios, la caza del tigre y los describió y alabó desde la prensa y sus obras. El Impero era la lealtad al heroísmo de sus mayores, algo así como se describía en los "Cuatro Lanceros bengalíes", la famosoa película de Gary Cooper. O en "Las cuatro Plumas".

 

El hecho de ser el primer inglés en ganar el Premio Nóbel de Literatura (1907) le elevó hasta el paroxismo. Ya había muerto, seis años antes,  la Emperadora de la India la Reina Victoria, pero el Imperio seguía intacto en sus escritores, artistas, poetas, salvo minorías de alguna universidades inglesas que se burlaban.

 

 

La influencia de la literatura heróica

 

Así que existían para mucha gente en el mundo dos Indias: la de los rebeldes bandidos, terroristas, etc. y la de Kipling, la del soldado de casaca roja que mantenía a raya a los enemigos de la Corona.

 

Ya en Africa del Sur (donde  permaneció de 1893 a 1901) Gandhi  había peleado por mejorar la situación de los peones indios emigrados, a los que tanto Boers como Anglos trataban como semiesclavos y logró de Smuts una mejoría sustancial, sin violencia, lo que le llevó -tras leer a Thoreau, Ruskin, Tolstoi, el Sermón de la Montaña (Nuevo Testamento), a creer de verdad en la fuerza del alma. Pero le señaló como un enemigo implacable de la corona. Incluso tuvo relaciones epistolares con Tolstoi, que admiraba su temple.

 

Al volver a la India, en enero 1915, Gandhi y sus pocos seguidores se establecieron en una ashram (retiro), en Sabarmati y su primera campaña  para influir sobre el virrey  en favor de los "intocables", que constituían para el sistema un arma, empezó en seguida.

 

Es decir que Gandhi era ya un rebelde contra el Imperio y los primeros diálogos que hemos citado entre autoridades inglesas y Gandhi, era como un faro en el que  un interlocutor habla desde un lugar situado diez metros más bajo que el otro. ¿Superioridad racial o táctica? Probablemente ambas.

 

Churchill que en 1910 era ya Ministro del Interior, bebía (aparte de brandy) de las fuentes de Kipling, el cantor de la Reina Victoria. Gandhi ya había creado la palabra "Swaraj", que en inglés se traducía por self-rule  (autogobierno) que ya en Irlanda empleaban los irredentos.

 

El error y las diferencias seguían ensanchándose y además, los intelectuales ingleses no escribieron jamás en ningún dialecto indio y como era brillantes en su lengua, una de las  más hablada del mundo, no comprendían cómo podía haber quien -como Gandhi- utilizara su propio idioma habiéndose educado en inglés en leyes y siendo muy hábil en las discusiones políticas, que traducía mentalmente de inmediato porque, simplemente era bilingüe.

 

Hacerle concesiones a Gandhi -decía Churchill- era como darle a un tigre comida de gato,  dice su biógrafo Brendon, nunca tendría bastante". Para Gandhi su lenguaje no era digno de un político, porque se refería a él como el "nauseabundo" o "ese sedicioso super abogado de los Supremos Tribunales que ahora se las da de fakir de una clase que orienta y conoce muy bien cómo  subir semidesnudo los escalones del virreinato". De hecho los grados de relación con el Derecho y las Leyes que había obtenido Gandhi en Inglaterra superaban a los del Primer Ministro británico y eso no se ha dicho.

 

Churchill perdonaba más fácilmente a Sir Oswald Mosley, el fascista inglés, "una abrillantada mariposa en la selva del fascismo" y en todo, los conservadores le seguían como si fuera el Gran Gurú. Y no le disgustaban las bromas antisemitas. Cuando Hitler llegó al poder en 1933. Churchill decía no ver "ninguna posibilidad inmediata de una guerra en la que Gran Bretaña se viera involucrada" -eso lo escribió Hitler en Mein Kampf.

 

Y en la paz que Chamberlain firmó con el Führer en Munich en 1938, se decía que una guerra en "un país remoto" (Checoeslovaquia o Austria) no valía una gota de sangre inglesa".

 

Es cierto que Churchill le sacó las patas del barro con brillante valor personal cuando se vio solo. Peligraba no Europa o el mundo sino el Imperio. Y aún en 1934 llamó a Sir Samuel  Hoare, que en la Sociedad de Naciones favorecía a Mussolini, "asquerosa rata", por haber transferido a Nueva Delhi algunas ventajas económicas para la Reforma India y sacar de la más abyecta miseria a algunas clases.

 

 

Churchill al frente de la Oficina Colonial de Londres

 

Sin embargo el que Kipling pensara como pensara no tenía casi importancia  operativa en los cargos políticos, en la sociedad victoriana y  aún después, porque  Churchill estaba a la cabeza de la Colonial Office ya en 1923 y en 1931 renunció al "shadow cabinet" conservador, en protesta porque aún entre los conservadores había partidarios del "hay que hacer algo"  en favor de la India, porque a veces los desórdenes  hacían que se derramara sangre inglesa. 

 

Es decir el Mahatma  estaba en el ojo del huracán  y éste entraba y salía de la cárcel con Nehru y su comité de apoyo,dependiendo del humor con  que se levantara el todavía joven león Winston.

 

Tampoco los virreyes comprendían la distinción entre un pacifista y un no violento, que era esencial, incluso para escribir informes  sobre la India. Churchill incluyó peyorativamente a Gandhi en muchas de sus frases que le dirigió, tales como "Yo siempre he estado contra los pacifistas durante la guerra y contra los patrioteros y los de su clase en días de paz."

 

Tampoco atisbaban los colonialistas el tremendo poder de intuición de aquel hombre muy moreno y calvo, que llegó a pesar sólo 39 kgs. por el ayuno, la introspección continua, la meditación, la oración, su lógica innata y su poder de librarse de los prejuicios, su universalismo, aparte de la capacidad de sufrimiento.

 

Quizá para pueblos que no se han visto nunca invadidos puede ser imposible el captar cuál  de dos males es el peor y Gandhi cuando Chamberlain firmó su Pacto con Hitler, llegó a sostener que la violencia "defensiva" era lícita porque los nazis habían invadido Checoslovaquia, luego Austria, Polonia, etc. ilegalmente en contra de la Verdad. 

 

El peligro del nazismo lo vio Gandhi mucho antes que los políticos ingleses.  Desde la cárcel captó, antes que Chamberlain, lo que  iba a suceder  porque Japón había invadido China, Mussolini estableció el Imperio Fascista en Abisinia y Gandhi aseguraba que Hitler seguiría el mismo camino. El explicaba su actitud  porque decía que ante el genocidio, la no violencia no podía aliviar el dolor causado por hombres tan perversos e identificaba la violencia "defensiva" como no-violencia.

LOS DOS PRINCIPIOS DE GANDHI. LA NO-VIOLENCIA Y LA IGUALDAD HUMANA

Escrito por albertoelosegui 12-04-2006 en General. Comentarios (16)

  

 

Gandhi había rehusado cualquier maniobra de los altos jefes militares británicos y no quería ni oír hablar de partición de la India. Quería en una patria, la convivencia, el diálogo político y de religiones, sin violencia.

 

En su vida alentó grandes esperanzas mientras (años 20)  veía que los soldados ingleses de la Corona disparaban por igual a musulmanes e hindúes. Todos eran iguales para el Imperio, pero la matanza de Chaun-Chaura años después, en que un grupo de hindúes enfurecidos hizo frente con armas de fuego a la policía inglesa, le hizo suspender la campaña de desobediencia civil, para predicar  a los hindúes y musulmanes, por igual, la necesidad de coordinar esfuerzos contra el colonizador inglés y demostrar que la independencia se podía lograr con la no violencia de todos. No confundamos no violencia con pacifismo. 

 

En realidad millares de personas le adoraban y hasta había campesinos que se arrodillaban para besar la arena que habían pisado sus pies. Hoy le reverencian millones a lo largo del mundo. Su gran aportación a la India y al mundo es la no-violencia por medio de la desobediencia civil,  el ayuno o la no cooperación,  elementos activos. 

 

Cada vez que en la cárcel se declaraba en ayuno "hasta la muerte", los británicos le ponían en libertad por miedo a que empezara una guerra de independencia  por la fuerza en la India. Gandhi siempre  se había portado bien con  Londres y su actitud se debía a una situación planteada por la Corona que empieza históricamente a partir del próximo párrafo, si bien falle algo en una cronología atípica.

 

 La verdadera violencia del colonialista en la India comenzó ya en 1857, en que Londres sofocó de forma implacable intentos de rebelión y la tendencia del pueblo hindú fue pensar que si algún día  podía liberarse del poder de la Reina Victoria, sería por la fuerza.

 

Pero en 1870 apareció Gandhi condenando -basado en la tradición hindú- toda violencia y terrorismo y justificando esta posición, no sólo desde un punto de vista moral sino porque la diferencia de poder físico y de fuego era tal, que el resultado de la confrontación sería siempre más dolor y más sufrimiento. Es decir, también desde el punto de vista táctico.

 

Había algunos que consideraban la no respuesta violenta del pueblo a los virreyes, como una cobardía, pero él prefería llamarla impotencia y buscaba armas que no mataran, Aunque encabezaba el Partido del Congreso comprendía que la presión parlamentaria "legal" era tan inútil como el terrorismo para sus fines: libertad de hombres y patria.

 

Desde el lado religioso se acercaba en mucho a los cristianos, en la creencia de un Ser Supremo y la existencia del alma, etc. de que "todos los hombres son hijos del mismo Dios" o sea iguales... "parientes y amigos" con lo que se oponía a las clases imperantes de la India, a la existencia de los intocables o a cualquier otra creencia de tipo racista o de clase.

 

Por otro lado el uso de la violencia para justificar la eliminación física  de los que habían degradado a la sociedad india tratando de britanizarla, requería la posesión de la verdad absoluta y de que el adversario estuviera totalmente equivocado. Era enemigo del Talión. Había razones plausibles para discutir o dialogar, pero no para matar. "Matar -decía- es algo irreversible y el hombre no puede tener un conocimiento tan infalible de los hechos como para arrogarse el papel de juez y verdugo. ¿Y si se equivoca?"

 

Desde el lado de la eficacia, el enfrentarse con el Imperio y sus colaboradores o colaboracionistas -que los había- era algo estéril porque la reserva de poder y medios  de Londres y aliados era casi infinita.

 

O sea que ya Gandhi introducía la no-violencia no como valor abstracto sino  en el contexto de la India para lograr la independencia, lo cual significaba  para él el fin de la dominación y esclavitud extranjera. Esclavitud. La "perla" de la corona estaba engarzada en ella no con lazos de amor sino con cadenas. ¿Cómo romperlas?   Esclavitud.

 

 

El "lavado de cerebro", la India ha sido "hipnotizada"

 

No creo fuera él el que introdujo el término "lavado de cerebro", tan utilizado siempre por los intelectuales y más con el progreso de los medios de  comunicación, especialmente hoy en día,   pero el colonialismo inglés -como muchos otros- se servía de él para dominar.

 

Gandhi lo consideraba incompatible con la historia y el espíritu indios y decía que Inglaterra había convertido a los hindúes en esquizofrénicos culturales, imponiendo su esquema de vida y proponía la Independencia no por raza sino para recuperar lo perdido: el carácter, la historia, la cultura y civilización indias. No eran separatistas sino anticolonialistas o devolucionistas, término que luego usó Quebec. Devolución era el quid, la palabra clave que el opresor devolviera lo robado.

 

Quizá, conociendo como conocía, no sólo a su pueblo sino al colonizador, introdujo el término "swaraj", que es un concepto en que así como el término  independencia era para un inglés algo casi  mítico-social, el "swaraj" es un concepto moral indio, que incluye el respeto a toda una civilización, que él veía se estaba perdiendo y tenía razón, pero el inglés no lo captaba.

 

Los terroristas en general , según él, querían expulsar a los británicos, pero no le hacían ascos a la civilización británica y sus comodidades en virtud de un internacionalismo mal entendido. Querían obtener el poder y mandar ellos. No establecer una democracia india igualitaria que exigiera sacrificios de todos para todos    .

 

Es  incierto que Gandhi pensara  que la industrialización era el demonio de forma absoluta, pero la industrialización impuesta en Europa y el concepto del estado moderno, tal como lo habían impuesto "ellos" en Inglaterra, llevaba al delirio del maquinismo.

 

Querían "ahorrar trabajo" cuando en India había millones sin trabajo y se morían de hambre en las calles , verdaderas cloacas llenas de mendigos y hasta leprosos.  "El Imperio es la codicia de unos pocos que dominan las fuerzas del trabajo" decía.   De ahí la adopción de la rueca que se basa en el hecho de que hay millones en situación de paro. Si hubiera empleo para todos, la rueca que produce hilados en cada casa sería innecesaria.

 

 

Gandhi y Charlie Chaplin

 

Por cierto que "Tiempo Modernos" de Charlie Chaplin tiene algo de eso: el ahorro de mano de obra y de tiempo y convertir al trabajador en hormiga que trabaja para la reina de la colmena.  En Londres Gandhi conoció a Charlie Chaplin y lo encontró fascinante, pero no hay noticias de que la relación siguiera ni que Gandhi soltara una carcajada al ver "El Gran Dictador", porque no creo que la llegara a ver y es difícil  especular de la semejanza de Chaplin y Gandhi. Pero en cierto modo sí sobre lo que les empujaba, la motivación. Eran almas casi gemelas.

 

No era socialista, pero la igualdad económica significaba abolir el eterno conflicto entre capital y trabajo. Un sistema de gobierno no-violento era imposible mientras existiera la brecha de clases que imponían los ingleses, siendo ellos los que daban el ejemplo desde sus mansiones o los que protegían a los marajás y a la tremenda burocracia inglesa o pagada desde Londres. 

 

Pronto Londres se alarmó al ver que Gandhi  predicaba algo nuevo y estaba comiendo el terreno al gobierno de la Reina Victoria. Pero como él, ya desde que estudiaba en Inglaterra, sabía que al inglés en cuanto se le introducía en la discusión  un idioma oriental o algo no anglosajón se veía perdido, Gandhi desde los años 20 empezó a elaborar su doctrina del "swaraj" "independencia para la India", según mi interpretación informal, y sus modus operandi, el "satyagraha",  (fuerza de alma), basado en tres principios: el "satya" (la verdad), "ahimsa" (la no-violencia o el amor al prójimo) y "tapas" o sufrimiento. Eso era sánscrito para el ocupante.