Alberto Elosegui

GANDHI: La Rebelión de la Sal

 

 

 

 Como la no cooperación obligaba a Inglaterra a llenar con ciudadanos de las islas los cuadros de la legislatura, administración, universidades, etc. el gabinete de Londres decidió adoptar una contramedida para quebrar el cuadro de la desobediencia civil y la no cooperación.

 

Cuando el gobierno británico (no sé si se discutió en los Comunes o era algo de la "Colonial Office" que presidía Churchill) dictó un mandato por el que endurecía la Ley de la Sal, y las familias  "nativas" tendrían en el futuro que desembolsar una cantidad mucho mayor por tener acceso a ese condimento, creyó haberlo solucionado todo.

 

Churchill disparaba sabiendo que el Mahatma intentaba eludir la ley tomando alguna medida contraria a un monopolio de la corona, en cuyo caso  la maquinaria legislativa y judicial se pondrían en marcha. Era materia penal.  Esta vez Londres mataba a la culebra por la cabeza. 

 

Gandhi respondió que, según su filosofía, podía moralmente hacer un llamado a sus partidarios de no obedecer una ley injusta y así lo hizo. Pero la sal en la dieta alimenticia del pueblo hambriento era importante y añadió que lo que iba a hacer era elaborar "ilegalmente" la sal, cosa prohibida,  ya que era monopolio de la Corona. Y así comenzó el capítulo más doloroso de su vida.

 

Pero la oposición a la Ley de la Sal  había empezado con una marcha de Gandhi (300 millas) al frente de su pueblo -una ingente  y desordenada multitud caminando  hacia la orilla del mar para recoger (Golfo de Cambay en Alalpur) simbólicamente agua salada y siguió. Eso terminaba, de hecho, con el monopolio (y la paciencia)  del virrey. Luego hubo  otros choques ya con Gandhi (y los 79 de su comité) ingresados en la cárcel y después puestos en libertad.

 

Los choques a que dio lugar la Rebelión de la Sal de 1930 fueron de los más violentos, según las crónicas de esos días. generalmente de fuente británica,  de la Agencia Reuter. Se enfrentaban siempre un gran pelotón de soldados británicos con el casco de "tommy", un escudo metálico redondo como protección  y armados, unos de fusiles y otros de estacas con clavos en punta, según  Bikhu Parskh que detalla así el espectáculo: "Cuando los que marchaban al frente caían heridos por las balas, los que estaban detrás pasaban a primera fila a pecho descubierto hasta el punto de que algunas personas recibieron 21 heridas de bala y toda la gente se mantuvo firme".

 

Esto puede parecer exagerado pero las fotografías con cientos de cadáveres sobre el pavimento y un gran charco rojo en cualquier ciudad india,  no se pueden ocultar así como así, cuando los fotógrafos enfocan  una escena tan horrenda.

 

Como la sal producida artesanalmente no bastaba, Gandhi decidió la "liberación" de la Refinería de Sal de Dharasana,  porque según él  estaba en suelo indio y había sido instalada ilegalmente por un gobierno extranjero. No  iba a ser asaltada sino precisamente "recuperada" para la India. Creó, pues, la terminología propia para deshacer cualquier acusación de terrorista, anarquista, separatista, etc. No, lo que él quería era la Devolución de algo que le había sido arrebatada a la India y eso era derecho natural.  Quebec, como hemos dicho,  imitó el término de Gandhi. 

 

 

Un periodista norteamericano: de espectador a testigo presencial.

 

Webb Miller, casi por curiosidad, se encaminó al amanecer a la central de "Dharasana", que es la que elaboraba un 90 % de la producción de sal de mesa para las ciudades grandes. Y al ver el espectáculo que se desarrollaba ante sus ojos, envió un despacho al "New York Times" detallando los hechos,  con este comentario final:  "En 18 años que llevo como reportero en 22 países,  jamás he visto escenas tan desgarradoras y crueles como ésta. Y eso va a seguir".

 

De inmediato otros reporteros gráficos tomaron el avión a Nueva Delhi para salpicar sus cámaras en ríos de sangre, lo nunca visto. Los Estados Unidos comprendieron que las denuncias constantes de Gandhi no eran las de un tipo chiflado y la India fue noticia de primera plana como el crack de la Bolsa de Nueva York.

 

El dolor y la congoja de los que se debatían en el sufrimiento físico no causó ningún impacto sobre el virrey.  En su carta a Jorge V, la más alta autoridad de la India, desde Nueva Delhi, encontraba el asunto bastante divertido (funny) y expresó su perversa felicidad de que sus policías hubiesen complacido a los hindúes con unas pocas magulladuras "honorables" que "ellos mismos habían pedido".

 

La frase  denotaba  que su sensibilidad y aún su  prudencia eran más pobres que las de los no-violentos. Y ni el hecho de que, por esos mismos días, Hitler,  arrebatara a Francia el Rhin,  que Hiro-Hito se apoderara de Manchuria y Corea apenas sin bajas, que Laval y Sir Samuel Hoare no hicieran nada por los etíopes gaseados desde aviones por el hijo de Mussolini (entre otros) para apoderarse de Addis Abeba, etc. sirvieron para que hasta los propios europeos quedaran impresionados.

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