EL COMPLOT PARA MATAR A GANDHI
Enero1948-Enero 2006
Se han cumplido 58 años del asesinato de Mohandas Karamchand Gandhi, líder nacionalista hindú que no ocupó cargo político alguno pero fue el forjador de la independencia del subcontinente indio. Gandhi deseaba terminar con el dominio británico, pero en un sólo país en que convivieran hindúes y musulmanes. Fue siempre el Mahatma (Gran alma), palabra compuesta del sánscrito "maha" (Gran) y "atman" (alma), título que le confirió otro gran pacifista Rabindaranath Tagore.
Las nuevas generaciones conocen a Gandhi más por la película de Richard Attenborough, que tendrá su espacio en las páginas de cine bajo el epígrafe de "Grandes Directores" como lo tendrá el actor Ben Kingsley, protagonista del film, que históricamente tiene lagunas e inexactitudes, pues fue concebido para el mercado anglosajón.
Este reportaje se aparta pues del filme que batió el record la noche de los Oscar de 1982, resucitando por un medio audiovisual la figura de "la Gran Alma". Y como si fuera un guión reproducimos la verdadera historia, no explicada por el guionista John Briley, quien también ganó su estatuilla, aunque se apartó de los hechos. El de Gandhi fue el primero de la cadena de atentados político-religiosos de la posguerra: los hermanos Kennedy, Martin Luther King, Sadat, Indira Gandhi, muerta en 1984 por un fanático "sikh" de su guardia y luego el de Rajiv Gandhi, su hijo y primer ministro, en 1991.
Sin duda Attenborough o más probablemente el guionista Briley trataron de personalizar al fanático hindú y acercarse más a una comparación que el público captara fácilmente. Así asimilaron a Nathuram Godsé (el asesino material) que disparó certeramente sobre Gandhi a John Wilkes, el actor mediocre que mató a Lincoln en el teatro Ford de Gettysburg, Washington. 1865. Eso hacía el film más comprensible para el público norteamericano. Pero también es muy posible que a la hora de escribir su guión Briley no conociera lo intrigado del complot y no quisiera decir que la popularidad de Gandhi había bajado también entre los musulmanes. Trataremos de ofrecer paso a paso los hechos.
Nueva Delhi, viernes 30 de enero de 1948.
El jardín de rosas de la mansión del industrial Birla se halla lleno de fieles. Fuera, hay muchedumbre y altavoces. Como todos los días durante los últimos años, Gandhi, 79 años, se reúne en algún lugar de la capital en oración con su pueblo. Ni un solo uniforme en la abigarrada multitud. Los británicos ya se fueron el pasado mes de agosto. . El Mahatma ha prohibido a la policía india -porque lleva armas- mezclarse con la gente, diciendo "Ram, Dios, es mi sola protección".
Contrariamente a su costumbre, ese fatídico día Mohatma Gandhi, en vez de celebrar el rezo en un barrio de "intocables" (bhangis) que literalmente son los encargados de limpiar los pozos negros de inmundicias, esta vez el acto tendrá lugar en Birla House, la morada de G.D. Birla, su proveedor de fondos. Gandhi estaba tratando de formar siquiera una federación que uniera a hindúes y musulmanes e iba a anunciar un viaje con su comitiva a Pakistán.
Es con esa escena que hace 25 años, el cineasta inglés Sir Richard Attenborough comenzó su film "Gandhi". Imágenes punzantes y simbólicas porque éste fue el primero de una larga serie de atentados según hemos dicho.
India era libre, según Lord Mountbatten lo acababa de anunciar en su discurso ante el Parlamento británico, en Londres, recordando que el Imperio Británico nacido del caballo de Troya de la Compañía de las Indias Orientales instalado en Calcuta que competía con los franceses en el siglo XVII y las fuerzas de Robert Olive, unos años después, y era hora -dijo- que tal injusticia terminara . Se había señalado como fecha el 15 de agosto de 1947 para recordar que ese mismo día, dos años antes, los soldados nipones se habían rendido al ejército británico bajo cuyo mando lucharon miles de soldados indios. La decisión de dar la libertad al subcontinente estaba condicionada a la formación de dos estados soberanos. la Unión India y Pakistán , hindúes y pakistaníes respectivamente que se odiaban por motivos religiosos y no cordialmente.
Pero el filme no explica en tres horas la verdadera historia del asesinato, sus motivos y antecedentes de los complotados y nosotros trataremos de reconstruirlos. El crimen no fue la obra solitaria de un fanático asesino. Como en el atentado contra Lincoln, hubo una confabulación de fanáticos dispuestos a todo. Han pasado 58 años y ha habido por lo menos diez versiones. Ojalá ésta resuelva muchos enigmas de la muerte de Gandhi.
1978: Ultima entrevista entre Mountbatten y Dominique Lapierre y Collins.
El complot contra Gandhi supuso la complicidad de seis personas. Los dos jefes del grupo, Naturham Godse (ejecutor) y Narayan Apte (el cerebro del complot) fueron ahorcados en 1949 y los otros cuatro condenados a perpetuidad. Pero luego fueron amnistiados y puestos en libertad definitiva mucho antes de lo esperado. Y en 1964 hablaron pública y desordenadamente. Hasta entonces silencio y después mil versiones dignas de la prolífica imaginación de los autores y de sus fobias o filias.
Es en la parte trasera de un almacén de saris de Nueva Delhi que se puede encontrar a Madanlal Pahwa, el que suministró los explosivos destinados a matar a Gandhi y probablemente a cientos de sus seguidores. Cuando fue liberado Pahwa se dedicó a la pacífica fabricación de juguetes. A 1.500 kms. de allí, en un miserable taller de la afueras de Bombay, trabaja Digambar Badge, quien agenció el revólver del crimen , una pistola Beretta negra, calibre 7,65. Después de 1948 fabricaba chalecos contra balas para políticos, dictadores africanos y latinoamericanos y estaba haciendo fortuna.
Aunque no seguimos un orden estrictamente cronológico, para que el lector interprete los hechos, sí diremos que, según manifestó uno de los liberados anticipadamente en 1964 en sus primeras declaraciones a los periodistas, los tres tiros fueron tan certeros que Ganhi murió instantáneamente y no tuvo tiempo, como dicen las ya leyendas indias ni de juntar las palmas de la mano para bendecir a su agresor pronunciando el nombre de "Ran" (Dios). No pudo decir nada. En vista de esos detalles y otros el film de Attenborough fue acogido con escepticismo en la India y la declaración judicial del asesino fue publicada solo en 1989, en Londres, en pocas copias, pues Gobierno británico las prohibió. Pero en definitiva creo que la película fue beneficiosa para la imagen del Mahatma y sus fieles, por lo menos en Occidente.
Los documentos y la película prueban el laxismo de la policía hindú en el seguimiento de los complotados y en cualquier investigación sobre el plan, así como el no haber mezclado entre la multitud creyente, algún agente sin armas y de civil, etc. Claro que no era fácil pensar que un hindú pudiera siquiera pensar en cometer tal sacrilegio y ya no estaba allí Scotland Yard. Hoy se diría que tanto Isaac Rabin en Israel y Bandarakaije, en Ceilán, también fueron presumiblemente, muertos por uno de los suyos.
Un grupo de seis todos exaltados
Las cenizas del asesino de Gandhi no fueron arrojadas al río Ganges sino más bien conservadas en una hurna sagrada "de generación en generación" hasta el día en que "nuestra madres patria, dividida por los traidores en India y Pakistán, se vean reunificadas bajo la sola bandera del Imperio Hindú". Los dos condenados fueron conducidos al patíbulo bastante después de la muerte de _Gandhi, el 16 de Noviembre de 1949, es decir cuatro años después del fin de la guerra mundial. Dieron al responsable de la ejecución un mapa de la India, hecho a mano (tal como era el subcontinente antes de la partición) y otros. después llevando una bandera del Imperio Hindú -al igual que las que abundaban entre el público -color ocre (el del Hinduismo) y un mensaje justificando el asesinato y sin arrepentirse de él y declarando a Gandhi traidor, oportunista y amigo del colonialista inglés. Al final cantaron el "Nosotros te saludamos divina Patria" antes de ser colgados.
Este testamento nos permitiría por sí solo comprender la motivación de los fanáticos, a la que nos hemos referido brevemente, que para la extrema derecha hindú son mártires. Era el mismo mensaje de Chandra Bose, el amigo de Hiro-Hito, organizador de la guerrilla antialiada en Birmania, durante la Segunda Guerra Mundial.
La India nueva y libre, según Lapierre, Collins y Mountbatten
Según una conversación que Mountbatten mantuvo poco antes de su muerte en 1979, con Dominique Lapierre y Larry Collins, autores de "Esta noche la libertad" y otras notables obras, texto no publicado en Francia sino 20 años después, en 1997, las doce campanadas que celebraron la independencia en la noche del 14 al 15 de agosto de 1947, llegaban a un país lleno de terribles augurios. Por un lado existía la nostalgia de la India Imperial que se había ido formando al abrigo del Imperio Británico, con los Lanceros de Bengala, los extravagantes maharajás que habían sustituido al elefante por el Rolls-Royce, a la caza del tigre había seguido la moda de los partidos de polo en un césped verde inmaculado. Se recordaba a los altivos "memsahibs" con sus legiones de sirvientes; los administradores ingleses que tenían todo eso y mucho más y llevaban traje de etiqueta hasta en los largos viajes por la selva y eran raza aparte. Y por fin cientos de miles de se morían de hambre, lepra, malaria y tuberculosis, simplemente porque el SIDA no había llegado.
Y nacía una India nueva en una noche triunfal aunque dividida cruelmente, casi descuartizada entre sus religiones, su miseria, sus castas pero por una noche, libre. Pero ya al día siguiente estallaron los motines, -que antes habían sido "sofocados" siempre por el ejército inglés- entre musulmanes e hindúes. Millones de sikhs, hindúes. bengalíes, y musulmanes que habían compartido más o menos juntos su miseria bajo el ocupante inglés, se vieron arrancados de sus hogares por sus enemigos de raza, religión o casta y muchos obligados a cruzar la frontera -de la India o del Pakistán- con lo puesto y su numerosa prole. Los cálculos cifraban esos éxodos en unos 15 millones de personas.
En el curso de la última vez que Lapierre y Collins entrevistaron o más bien conversaron largamente con Mountbatten probablemente en Londres, el ex-virrey cifraba el número de muertos en esos choques raciales con transfondo religioso en 200.000 personas. Por nuestra parte sabemos que nada más terminar la guerra mundial, en julio de 1946, en las calles de Calcuta, voluntarios de varias asociaciones humanitarias, recogieron 19.000 cadáveres que hubo que incinerar por peligro de epidemia tras choques que duraron unas semanas. Y es por todo eso -lo repetimos. que Gandhi iba a anunciar un pacífico viaje a Pakistán que sólo la muerte le impidió realizar.